Parece ser que el tema, uno de los tabúes de la Sanidad gubernamental, se planteó en el último Consejo Interterriorial, celebrado en Zaragoza el pasado mes de septiembre. Marina Geli dice que todos los consejeros de Sanidad de las comunidades autónomas quieren el copago , pero que no lo quieren decir en público. Y la verdad es que me lo creo, más aun cuando son varios los sistemas sanitarios autonómicos que están en situación de quiebra técnica. Entre ellos, por supuesto, el de Cataluña; por lo que no es de extrañar que la Consellera de Salut de la Generalitat catalana haya reabierto -una vez más- el vetusto debate del copago.
lunes 27 de octubre de 2008
El copago, un futuro ineludible
martes 7 de octubre de 2008
Nobel de Medicina a la polémica
El Instituto Karolinska de Estocolmo con la concesión del Nobel de Medicina al descubrimiento del VIH ha resucitado la polémica sobre la autoría del mismo que durante años enfrentó al hoy premiado, Luc Montagnier, y Robert Gallo. Sin embargo, son pocos los que conocen la verdadera historia de cómo el investigador del Instituto Pasteur fue proclamado finalmente como descubridor oficial de este virus que protagonizó una de las páginas más fascinantes de los anales de la investigación biomédica. Por razones profesionales, yo he tenido la oportunidad de hablar en distintas ocasiones con ambos investigadores y con algunos otros que participaron en la carrera contra el tiempo que desató en 1981 la aparición en Estados Unidos del entonces llamado cáncer rosa. Sinceramente, todos los datos de que dispongo sobre este tema me llevan a una conclusión: Robert Gallo hizo mucho más por vencer al sida que Luc Montagnier, aunque ésta es otra historia. Comenzaré la historia por el final, pues merece la pena constatar las dimensiones políticas alcanzadas por la polémica y el supuesto enfrentamiento entre Gallo y Montagnier. La polémica se zanjó en el despacho oval de la Casa Blanca tras una reunión entre los presidentes Ronald Reagan y Jacques Chirac. En esa reunión se decidió que Luc Montagnier sería reconocido como el descubridor del virus causante del sida y Robert Gallo como el de las pruebas para detectar los anticuerpos del virus en la sangre. También se acordó -y este punto es realmente llamativo- que a partir de ese momento el virus se llamaría Virus de la Inmunodeficiencia Humana o, lo que es lo mismo, VIH. Fieles a sus tradiciones, Francia se quedó con la gloria y Estados Unidos con los rendimientos multimillonarios de la patente del test de seropositividad. Y ¿qué pinta Françoise Barré-Sinoussi, la otra beneficiaria del Nobel de Medicina, en esta historia? Pues que, aceptando que el VIH se identificó en los laboratorios del Instituto Pasteur, fue la verdadera autora del descubrimiento, siendo Luc Montagnier su jefe y, como consecuencia, beneficiario directo de su trabajo. Un rosario de perlas para la historia En honor a la verdad, hay que señalar que fue Gallo quien lanzó la primera hipótesis de que el agente infeccioso podría ser un retrovirus, ya que afecta a la función de las células T, un hecho muy relacionado con sus investigaciones sobre los retrovirus de la familia HTLV. Incluso señaló hacia la transcriptasa inversa -la diana terapéutica de los primeros antirretrovirales (AZT, ddI y d4T)- como punto de referencia necesario. De hecho, en febrero de 1983, se celebró en Banbury (Estados Unidos) el primer encuentro de un nutrido grupo de científicos para analizar lo que hasta entonces se conocía sobre esta nueva enfermedad infecciosa. Y es ahí donde por primera vez Max Essex, de la Escuela de Salud Pública de Havard, y Gallo, que entonces trabajaba en el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos (INH), expusieron su hipótesis de que la posible causa de la enfermedad podría ser un retrovirus, si bien hubo teorías para todos los gustos. A comienzos de 1984, Robert Gallo ya tenía preparados cinco artículos sobre el tema, cuatro de los cuales se iban a publicar en Science y el otro en The Lancet. Un desliz suyo con un periodista británico en la ciudad italiana de Cremona estuvo a punto de dar al traste con todo, pues éste publicó un artículo sobre el tema en New Scientist. En cualquier caso, se había previsto celebrar en junio de ese año una rueda de prensa conjunta con Montagnier y Chermann, del Instituto Pasteur. Sin embargo, la ministra de Sanidad de Estados Unidos, Margaret Heckler, forzó a Gallo a comparecer en una rueda de prensa el 23 de abril para anunciar que se conocía la causa del sida. Pero ese mismo día el periódico The New York Times, publicaba un artículo de un antiguo miembro del CDC, Larry Altman, en el que se anunciaba que el Instituto Pasteur había encontrado la causa del sida. La polémica estaba servida. Ahora, el Instituto Karolinska ha revivido aquel episodio excluyendo a Robert Gallo del galardón y, quizás para diluir la vertiente política de la concesión del Nobel a Montagnier, añadiendo a Harald zur Hausen por el descubrimiento del papilomavirus humano, causante del cáncer de cuello de útero. No han andado muy finos, la verdad.
domingo 11 de mayo de 2008
Los "ismos", criaderos de mediocres
jueves 8 de mayo de 2008
El céntimo sanitario y el copago, nuevamente sobre la mesa
jueves 24 de abril de 2008
SESPAS denuncia los pecados capitales de las políticas sanitarias
jueves 17 de abril de 2008
Apuesta por la investigación de calidad
Pues bien. Parece que el Gobierno ha dado el primer paso efectivo para cumplir el vaticinio de la prestigiosa revista creando el Ministerio de Ciencia e Innovación y trasladando al mismo el Instituto de Salud Carlos III, Fondo de Investigación Sanitaria incluido.
Y no es una improvisación. Hay que recordar que en el último Consejo de Ministros de 2007 el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) se transformaba en una Agencia independiente y el Gobierno señalaba entonces su objetivo de situar la inversión en el 2% del PIB para el año 2011. Conozco a Carlos Martínez, ahora Secretario de Estado de este Ministerio, desde hace unos 15 años, cuando mis labores profesionales me permitieron compartir unas cuantas conversaciones entre los investigadores nacionales, entre los que él figuraba, y los emigrantes, Barbacid, Perucho, Massagué y otros. En ellas se hablaba de cómo debería orientarse el modelo de gestión de la investigación, pues estaba claro que la ciencia de funcionariado sólo servía para que muchos investigadores chuparan del bote y se aferraran al sillón sin apenas realizar actividades científicas rentables. Y Carlos me ha demostrado que, además de tener las ideas claras, es un hombre tan capaz como emprendedor. Le costó cuatro años de lucha silenciosa en la presidencia de esa estructura tan mastodóntica como anquilosada que es el CSIC para convertirlo en una Agencia de Investigación independiente. Era y es el momento idóneo.
Pero Nature adviertía en su artículo que la excesiva burocracia y la rigidez de los criterios de selección de nuevos científicos a los que actualmente se enfrentan tanto los centros de investigación como los propios investigadores son el principal obstáculo a superar por la ciencia española para alcanzar su máxima eficiencia. Y para muestra un botón: el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), del que decía que su sistema de gestión, completamente diferente al establecido para otros centros públicos, le ha permitido situarse en apenas diez años de existencia como uno de los más reputados centros de investigación del mundo.
Ahora, continuando con el razonamiento de Nature, al tándem Cristina Garmendia y Carlos Martínez les toca dar el segundo e ineludible paso para alcanzar la edad de plata sugerida por esta revista: crear una Agencia de Financiación, también independiente, en la que se pueda apoyar la Agencia-CSIC, a la que hay que desarrollar más allá de su denominación de origen. Objetivos: simplificar la burocracia, primar los proyectos altamente competitivos, cambiar las condiciones laborales de los investigadores, evaluación continua de resultados ... y un largo etcétera que acercará a la investigación española no sólo al cumplimiento de la normativa europea, sino a competir verdaderamente con la ciencia internacional.
Lo digo de nuevo: es el momento; el mejor momento para emprender definitivamente el camino. La mayoría de los periódicos, antes de que el CSIC se convirtiese en Agencia independiente, se hicieron eco del éxito sin precedentes alcanzado por la ciencia española en la última asignación de financiación del Consejo Europeo de Investigación, al ser seleccionados doce proyectos -por cierto, ocho de ellos procedentes del CNIO-. Hay que fijar la vista como referente de futuro en el centro de investigación que dirige Mariano Barbacid, entre otras razones porque probablemente sea el de mayor producción científica del país, a juzgar por su índice de impacto, un 7,5. Es un centro público con un modelo de gestión privada muy ágil. Constituido como fundación, recibe una asignación anual de los Presupuestos Generales del Estado, pero una parte de su financiación, que se incrementa poco a poco cada año procede de fuentes externas: mecenazgo, donaciones, contratos con empresas farmacéuticas, concurrir a concursos públicos -nacionales e internacionales- de becas y fondos de investigación, etc. Además, un Comité Científico Asesor en el que figuran hasta tres premios Nobel, evalúa anualmente la labor realizada. Finalmente, ninguno de los investigadores que trabajan en él tiene la plaza en propiedad: no son funcionarios y si no producen tienen que abandonar el centro. En definitiva, el CNIO no tiene nada que envidiar a los mejores centros de investigación del mundo, sino al contrario: es envidiado por muchos de ellos.
Con el mismo modelo de gestión se creó el Centro Nacional de Investigaciones Cardiológicas (CNIC), aunque se nota que su director, Valentín Fuster, todavía reside y trabaja en Estados Unidos. En cualquier caso, ambos centros deben ser un referente para los planes del nuevo Ministerio de Investigación y Universidades. Los primeros pasos, quizás los más importantes, ya se han dado. Ahora, falta pavimentar el camino con la vista puesta en la calidad científica.
Para acabar, me remito nuevamente al artículo de Nature, en el que se decía que "todo apunta a que España es capaz de volver a vivir una nueva Edad de Plata. Pero sólo si el Gobierno lo permite”. De momento, parece que el Gobierno lo permite y, además, lo desea. Que así sea.




